De Aves y Viajes

domingo, 8 de agosto de 2021

Parque Nacional Mburucuyá - 1


El Parque Nacional Mburucuyá es un área con una gran biodiversidad ya que cuenta con especies del Espinal, del Chaco Húmedo y de la Selva Paranaense. Se ubica dentro de la gran depresión del Iberá, alimentada principalmente por las lluvias. El Estero Santa Lucia le pone un broche dorado, vean esta imagen:

Estuvimos varios días recorriéndolo. En esta primera entrega mostraré cómo llegamos y haré una descripción del lugar, de su historia y por supuesto habrá animales… En una segunda entrega, les mostraré más sobre los hermosos paisajes que adornan el lugar y también incluiré otras especies encontradas en los senderos y lagunas que visitamos.

Desde la ciudad de Mburucuyá (6800 habitantes), donde se encuentra la intendencia del Parque Nacional, teníamos que recorrer 11 Km para llegar a destino. Se sale por la RP 6 hacia el sur, y al llegar a la RP 87 desviamos rumbo a la localidad de Palmar Grande, a partir de aquí  se acaba el asfalto, el camino es de tierra pero bien asentada. Transcurridos los 11 Km, encontramos la entrada al parque:

Pero no está allí la zona de acampe… El camping se encuentra en el casco de la antigua Estancia Santa Teresa, unos 20 Km más adelante. Como si fuera poco recorrer esta ruta, que atraviesa el Parque Nacional y continúa hasta Palmar Grande, es un camino de “arenisca”: no es tierra, no es arena, no sé qué es pero había sectores, sobre todo en las curvas, donde las huellas eran tan profundas que si las seguía las ruedas del auto quedaban en el aire... Nos hubiera venido bien una 4x4.


Apenas ingresamos comenzamos a ver animales. Notamos un movimiento en el pastizal, paramos el auto (esto de detenernos se repitió muchas veces antes de llegar al camping), y ahí estaba: una Corzuela Parda (Mazama gouazoubira) que como podrán apreciar no es parda, es un ejemplar con leucismo (déficit parcial de pigmentación). Más tarde, hablando con los guardaparques, nos comentaron que nunca la habían visto, así que dejamos asentado el registro en el PN (la foto no es buena, pero es la única que se dejó tomar…)

Antes de continuar, este ejemplar macho de mariposa Antorcha Rayada (Dryadula phaetusa) parecía posar para que le tomaran una foto… y le dimos el gusto.

Pero el camino era una caja de sorpresas, parábamos cada 5 minutos, había de todo, como esta hermosa Garcita Azulada (Butorides striata) o este Chajá (Chauna torquata), que nos miraba con cautela, como verán en la segunda imagen:


Más adelante, a lo lejos, dos ejemplares de Ciervo de los Pantanos (Blastocerus dichotomus): un macho que nos miraba atento en la primera imagen y en la siguiente, una hembra que continuaba comiendo sin hacerse demasiados problemas, sabía que la cuidaban…


Luego de un par de kilómetros nos topamos con una pequeña laguna con muchas jacanas (Jacana jacana) tomando los últimos bocados del día, pueden ver un ejemplar adulto y también un juvenil:

Y en un rincón dos ejemplares de Yacaré Overo (Caiman latirostris), enormes e intimidantes:


Llegamos al camping ya de noche, nos recibió un guardaparque indicándonos dónde podíamos ubicarnos (estaba vacío, ni un alma había… perfecto), hasta él se fue… A pesar de eso, mientras comíamos, tuvimos una agradable visita: una pareja de Zorros de Monte (Cerdocyon thous), bastante confiados (o hambrientos) que merodearon a nuestro alrededor hasta que nos acostamos. Uno de ellos se dejó fotear:

Por la mañana vimos el campamento que habíamos armado a la luz de un par de lámparas, bastante bien… Un día espléndido, bueno, todos los días que estuvimos fueron espectaculares, calor sí, pero nunca llovió ni amagó a hacerlo, ni viento… siempre lindo.

El camping estallaba de vida, muchísimas aves y otros bichos nos acosaban en todo momento, y se armaban riñas, era como un club de la pelea, tal vez por las hormonas, o por el alimento quizás o simplemente tenían mal carácter..., vean: Frutero Negro (Tachyphonus rufus), en este caso dos machos, aunque las señoritas no se quedaban atrás...


Cardenal Común (Paroaria coronata) muy enojados los dos... pero nunca vi que pasase de gritos y amenazas:

Otra vez los Fruteros Negros (Tachyphonus rufus) machos, pero esta vez están en el horno...o en la parrilla. En la segunda imagen una hembra de frutero que, como verán, no es negra ¿estará teñida?, mujer al fin… y coqueta.


En este camping, teníamos muy buena sombra, baños recién hechos, un gran espacio común en construcción, todo impecable. Por las mañanas íbamos al casco de la estancia a unos 100 metros (donde estaban los guardaparques) y había un dispenser de agua caliente lista para el mate, y otro con agua fría al que visitábamos antes de emprender las caminatas para cargar varias botellas. Los fruteros eran excesivamente confianzudos, demasiado quizás… Miren sobre la mesa, una pareja atrevida que quería compartir nuestro desayuno.

Un poco de historia: el 27 de noviembre de 1991, Troels M. Pedersen (abogado y naturalista) y su esposa Nina J. Sinding firmaron el acta de donación a la Administración de Parques Nacionales de 7 campos (17600 Has) para la creación del parque nacional. La donación fue aceptada por la APN mediante la resolución 002/1992 del 15 de enero de 1992. Las tierras se convirtieron en el Parque Nacional Mburucuyá el 27 de junio de 2001, a través de la Ley 25.447. Cuenta con ciento once lagunas, más el Estero de Santa Lucía.
Este es el frente de la casa de Pedersen, donde hay una colección de botánica y su mobiliario, pero, lamentablemente, estaba en remodelación y no pudimos visitarla. Debajo, la parte trasera cubierta por mosquiteros, con Joaquín al frente…


Detrás de la casa de Pedersen hay una laguna, estas imágenes son de bien tempranito, un ensueño… el vapor ascendiendo y el día que despierta.



Al borde de esta laguna andaba cazando un individuo de Zorro Gris (Lycalopex gymnocercus), estaba muy concentrado en algo que se movía entre los yuyos y de repente nos vio…


En los alrededores de la casa se encuentran las diferentes dependencias de la Estancia, hoy ocupadas por máquinas y herramientas de los guardaparques, además de sus oficinas y el Centro de visitantes. Me llamó la atención este pequeño habitáculo al que un higuerón (Ficus luschnathiana) está reduciendo a escombros…

A la hora del almuerzo, ni bien abrí una lata de atún, apareció un comensal un tanto cómico y muy confianzudo, se ve que el olor a atún lo volvía loco, se vino derechito a lamer el piso donde se había escurrido el aceite de la lata… Es un Gualacate (Euphractus sexcinctus).

Después de almorzar, en la siestita correntina, vi caminando dos palomas, una de ellas era la Yerutí Colorada (Leptotila rufaxilla), una "lifer" para mí y además es probabilidad de observación II (muy baja) en la guía de Narosky-Izurrieta, lo que le da un plus extra. Ya había oído su canto en los senderos, pero oír o ver marca la diferencia…

La segunda era una Yerutí Común (Leptotila verreauxi), aunque ya la tenía vista siempre es lindo volver a encontrarla. Tiene un canto muy particular que oí todos los días que estuvimos en el parque: solita se vino a la zona de acampe para que me quitase cualquier duda.

Hasta aquí lo que observamos solo en el camino de ingreso al camping y en sus alrededores  (y no puse todos los visitantes del camping… hay más). Para la próxima entrega (PN Mburucuyá 2) subiré imágenes de los diferentes senderos y lagunas que visitamos en este PN. Espero que les haya gustado y que sea útil la info por si lo visitan: vale la pena.

sábado, 24 de julio de 2021

Aves del Pastizal II - Costa bonaerense

 Aquí les acerco más aves de nuestros pastizales. En la primera entrega: “Aves del Pastizal I - Costa bonaerense”, del 25 de junio, vimos varias de las más difíciles; algunas de este posteo son más comunes y con seguridad muchos de ustedes las deben conocer. De más está decir que varias de las especies que veremos pueden ser observadas en otros ambientes, pero saben frecuentar los pastizales para alimentarse e incluso para anidar en ellos o en su entorno.

Muchas de las aves de las que hablaremos aquí fueron retratadas en los pastizales y caminos rurales cercanos a las localidades de Mar del Plata y Mar Chiquita, en la provincia de Buenos Aires. Otras fueron fotografiadas en la Estancia Nahuel Ruca, la Reserva Natural Paititi, la Serranita y la Reserva del Puerto de Mar del Plata, entre otros lares.

Además de la franja de pastizales psamófitos (suelos salobres) de la que les hablé antes, donde se destacaba el cortaderal (Cortaderia selloana), junto a otras especies autóctonas de menor altura, como el pasto chajapé (Imperata brasilienses), el pasto hebra (Poa lanuginosa) o la cola de liebre (Botriochloa laguroides), existen parches de pastizal donde, además de estas especies vegetales, encontramos la hierba salada del interior (Distichlis spicata) o las gramíneas del género Stipa, por nombrar solo algunas de las alrededor de 370 especies de gramíneas que pueden estar presentes. Estos parches están cercanos a sierras, arroyos, lagunas o a la vera de los caminos, donde la sobreexplotación agrícola no puede hacer uso de la tierra. Obviamente, muchos de estos parches están invadidos por varias especies exóticas que nuestras aves suelen utilizar como alimento; dos ejemplos claros de esto lo constituyen la carda (Dipsacus fullonum), originaria del hemisferio norte y muy bien aclimatada en Sudamérica, y el bien conocido cardo (Carduus pycnocephalus) euroasiático.

Vamos con las aves:

Una de las más conocidas, por su triste relación con los humanos, es el cabecitanegra (Spinus magellanicus), en estas imágenes vemos, primero, un ejemplar macho extrayendo semillas de una carda y, en la segunda, forrajeando en el suelo.



El cabecitanegra posee un marcado dimorfismo sexual, observen en las dos imágenes que siguen la notable diferencia de plumaje entre la hembra, primera imagen, más verdosa y sin capuchón negro, y el macho, bastante más llamativo, con su negro capuchón y ese amarillo en el resto de su plumaje que lo hacen mucho más notorio.



Emparentado con el cabecitanegra, y cada vez más visto en la zona, el exótico cardelino (Carduelis carduelis) ha ido ganando terreno desde aquella primera vez que lo vi en 1999, y fue tema de mi primer reporte para Aves Argentinas como una “Observación de Campo”, donde informaba sobre su presencia en la Reserva Natural del Puerto de Mar del Plata.


En la actualidad se lo puede ver en varios de los caminos rurales del sudeste bonaerense y casi siempre alimentándose sobre cardas y cardos como muestro en las imágenes que siguen. Eso sí: es extremadamente arisco, ni bien notan la presencia humana vuelan y lejos… nos conocen.



Otro bastante popular es el corbatita (Sporophila caerulescens), que en primavera y verano suele alborotar los pastizales con su canto en busca de sitios para nidificar y alimento, luego se lo suele ver en bandadas. Su nido en forma de tacita lo cuelga de los tallos de las plantas. Aquí vemos una pareja deleitándose con semillas del yuyo colorado (Amaranthus quitensis), noten que también posee un dimorfismo sexual marcado, en la primera imagen el macho con traje y una prolija corbata y en la otra la hembrita, sencilla pero muy bonita…



En la imagen que sigue vemos un macho cantando sobre una carda, luego de haber saciado su apetito con las semillas de su interior…

Y si de canto se trata los invito a ver esta grabación que hice allá por el 2009 y que con sorpresa veo que tiene unas “369.207 visitas”, este es el enlace: https://youtu.be/eDHH34hKQMc



Otra ave muy conocida y que a algunos seres humanos les gusta ver llorar en sus jaulas es el misto (Sicalis luteola), un típico habitante de los pastizales. Posee un dimorfismo sexual leve, pero notable. Es muy común ver a los machos en época de apareamiento volar alto y dejarse caer trinando. Se alimenta de semillas y nidifica en el suelo, entre matas de pasto, teniendo 4 o 5 pichones. A partir de febrero se suelen ver grandes y ruidosas bandadas volar al unísono. La primera imagen es de un ejemplar macho, noten comparando con la segunda, la hembra, que su amarillo es más intenso sobre todo en el pecho y cara. 



Otro amarillito muy común es el jilguero dorado (Sicalis flaveola), delincuente como el anterior ya que se lo sabe ver entre rejas… Posee un importante dimorfismo sexual, en la primer imagen un macho y se cae de maduro el porqué de su nombre. En la segunda foto la hembra muy discreta ella…



En invierno se suelen ver bandadas forrajeando en los pastizales, en la imagen que sigue se los ve después de que volaron por mi presencia…


Uno de los clásicos, pero no tan conocido, habitante de los pastizales y que nidifica en ellos construyendo en el suelo una semiesfera con gramillas bien oculto en los pastos, es la loica (Leistes loyca). También posee dimorfismo sexual: en la primera foto vemos a un macho desplegando su canto y en la segunda tenemos a la hembra, vean la diferencia de color entre ambos. Noten que la ceja blanca comienza con rojo, esto es muy útil, entre otros detalles, para diferenciarlo del pecho colorado (Leistes superciliaris), con quien comparte hábitat.


En la provincia de Buenos Aires tenemos otra loica, la pampeana (Leistes defilippii) que se encuentra en peligro de extinción, principalmente por la pérdida de su hábitat: los pastizales. Para diferenciar ambas loicas lo ideal es ver las tapadas (las plumas debajo del ala), en la loica pampeana son negras, mientras que en la que muestro aquí son blancas, tanto del macho como de la hembra, vean:


Y ahora les muestro al que suele ser confundido con la loica cuando uno hace una rápida mirada, el pecho colorado (Leistes superciliaris), recuerden lo que dije sobre la ceja: en este es completamente blanca, además de que su pico es más corto. 


Posee dimorfismo sexual, en primer lugar el macho y luego la hembra, se la ve muy coqueta con su peinado con raya al medio… Construyen su nido en el suelo entre yuyos, pasturas o cultivos: es una semiesfera forrada de pasto.



Veamos a continuación un par de cachirlas que suelen revolotear en los pastizales. Ambas hacen su nido en el suelo que consiste en una tacita de pajitas que oculta entre los pastos. En principio sepamos que los integrantes de la familia Motacillidae son bastante difíciles de diferenciar. Una de las cosas a tener en cuenta es su canto: las cachirlas suelen remontar vuelo y descender repitiendo una nota hasta llegar al suelo, esa nota varía para las distintas especies por lo que vendría bien grabar sus cantos para cotejarlos luego. La siguiente es la cachirla goteada (Anthus correndera) realizando este despliegue:


Por otro lado están los detalles en el plumaje, veamos en primer lugar la más común, la cachirla goteada (Anthus correndera), también conocida como cachirla uña larga por el tamaño desproporcionado de la uña de su hallux. Vean el pecho: es una de las que lo tiene más estriado y manchado, y en su dorso tiene dos líneas claras bien definidas.



La cachirla pálida (Anthus hellmayri), haciendo honor a su nombre, posee estrías menos notorias, casi ausentes en plumaje gastado, y en su dorso no se ven las líneas blancas como en la cachirla goteada. Vean y comparen:



En los pastizales hay un ave que no vuela y, por su tamaño, 180 cm de altura, uno pensaría que no  es posible dejar de verlo, sin embargo en el cortaderal pasa desapercibido. Igual prefiere las zonas donde puede desarrollar al máximo su forma de desplazarse: la carrera. Es el ñandú (Rhea americana).


El ñandú posee conductas reproductivas un poco extrañas, la poliginia: un macho con un harén de hembras. Y no es solo eso, estas hembras ponen sus huevos (no siempre del mismo macho) en un nido donde luego incubará solo el macho. Este nido llega a tener hasta 30 huevos y los charitos serán cuidados exclusivamente por él. Este es un macho, lo delata ese color negro en el pecho y la base del cuello.

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Suelen desplazarse en grupos y pasan los alambrados como si no existieran…


Veamos ahora un par de especies que suelen oírse, aunque se las puede ver y tampoco vuelan, o al menos no lo hacen muy bien, solo les sirve para huir y asustarnos: cuando vuelan, generalmente salen debajo de nuestros pies, ya que confían en su camuflaje, y hacen un estruendoso ruido con sus alas que nos deja paralizados. Una de las que se puede encontrar en los alrededores de Mar del Plata y Mar Chiquita es la colorada (Rhynchotus rufescens) que en la imagen huye con mucha prisa.


La otra más pequeña, prácticamente la mitad del tamaño de la colorada (20-25 cm contra 40 cm) es el inambú campestre (Nothura maculosa) más conocida como perdiz chica. Ambas realizan su nido en el suelo, oculto entre los pastos, en alguna depresión del terreno y ponen cerca de 10 huevos muy llamativos ya que parecen de porcelana, son brillantes, gris rosado los de la colorada y gris vinoso los del inambú campestre.


El inambú campestre suele ser visto al costado del camino comiendo al amanecer o al atardecer, como este ejemplar que me observaba desconcertado cuando detuve mi auto. 

También, al igual que la colorada, se lo puede ver corriendo muy rápido mientras se aleja silbando repetidamente.



A este ejemplar lo encontré junto a esta paja brava, al reparo, y no registró que estábamos con el auto a unos pocos metros, siguió silbando como si tal cosa.

Si quieren oír su canto se los dejo aquí: https://youtu.be/6l3JbSNjsoI



Gaviotas 3: “Gaviota Cangrejera y Gaviota Gris”

Para finalizar con esta serie de posteos sobre las gaviotas del sudeste bonaerense, recordemos que en Argentina podemos encontrar registro d...