De Aves y Viajes

miércoles, 22 de septiembre de 2021

Aves introducidas (exóticas)

 

En este posteo voy a realizar un relevamiento de las aves exóticas que se han adaptado a las condiciones de vida de nuestro entorno, algunas quizás demasiado... Me centraré en las que podemos observar en el sudeste de la provincia de Buenos Aires, pero varios de los conceptos vistos son aplicables a aves de otras latitudes e inclusive a mamíferos, peces, anfibios, plantas, etc.

Iré describiendo el supuesto origen de su introducción, algunas características sobre las especies, por supuesto imágenes y un resumen del impacto ambiental que podrían ocasionar o que ya han tenido.

Un animal exótico no es otra cosa que una especie que ha sido trasladada desde su rango nativo de distribución hacia un área nueva. Si en su nuevo ambiente la especie logra proliferar, propagarse y persistir se convierte en una especie invasora.

Las personas han trasladado plantas y animales de un lugar a otro alrededor del mundo desde siempre y por ello la mayoría de las introducciones de especies fueron el resultado directo o indirecto de las actividades humanas, de más está decir que la globalización aceleró y agravó la situación. Estas especies exóticas perjudican a las especies y a las comunidades nativas, a tal punto que en la actualidad las invasiones biológicas se han identificado como la segunda mayor amenaza a la biodiversidad.

Las especies exóticas pueden convertirse en una plaga, la cual se vuelve muy difícil de eliminar o de controlar. Esto ocurre cuando provocan mermas en las especies nativas, o producen un impacto económico negativo como resultado de las pérdidas en la producción, además del costo directo de combatirlas, ya sea mediante su control o erradicación.

Y si hablamos de plagas les presento al estornino pinto (Sturnus vulgaris) quien en poco tiempo, si no ya, será noticia como lo fue en EEUU, su población está creciendo a ritmos alarmantes. Ya hablaremos sobre esta ave: iremos viendo las diferentes especies en forma más o menos cronológica, respecto de su introducción.


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Paloma doméstica (Columba livia)

Muy conocida por todos. Es un ave de unos 32 cm, peridoméstica, con pico negro y patas rojizas. Su plumaje suele ser gris azulado con dos bandas negras en sus alas plegadas, aunque su coloración es muy variable, algunas con dominio del blanco, otras del negro o diversas combinaciones. Suelen tener reflejos verde violáceos en el cuello. El macho durante el cortejo hace un gutural cuturrucú… cuturrucú… Su nido consiste en una plataforma de palitos, pajas y tallos, pone dos huevos. 

Su distribución original es el norte de África, sur de Asia y oeste de Europa, pero actualmente ha extendido su distribución por casi todo el mundo.

La especie fue introducida en Norteamérica en 1606 en Port Royal, Nueva Escocia.

En cuanto a su llegada a nuestra zona no hay datos categóricos pero podemos deducir que es bastante antigua, quizás a mediados del siglo XIX, siendo en ese momento un ave productora de carne a la par de las clásicas aves de corral.  En una estancia cercana a la ciudad de Azul hay un viejo palomar de esa época que atestigua el momento en que la gastronomía argentina cambia el rumbo mirando a las prestigiosas casas europeas, cuando el pichón de paloma comenzó a verse como un delicado manjar. Observen el palomar desde afuera y en su interior.


Aún viven allí algunas palomas, véanla orgullosa sobre el palomar, pero la verdadera dueña se ve en la segunda imagen, una lechuza de campanario (Tyto alba).


El 15 de agosto de 1886 llegaron a Buenos Aires dos colombófilos belgas con destino a Zárate. Ambos llevaban palomas (se reconoce a esa fecha como el inicio de la colombofilia argentina).

De a poco la actividad fue desarrollándose y entidades colombófilas se ocuparon de su cría y cautelosa selección en cautiverio para promoverla como ave mensajera, efectuando exposiciones y competencias. Esta actividad se extendió desde Zárate a Buenos Aires, y posteriormente se diversificó la afición en ciudades  como  Bahía  Blanca,  Rosario,  Avellaneda,  Santa  Fe,  Córdoba, Pergamino.

Entre 1915 y 1920 había un palomar ubicado cerca de la Avenida de Mayo, luego su expansión fue el resultado de la combinación entre la falta de predadores y la abundancia de recursos y espacios para anidar.

La paloma doméstica o casera abunda en las ciudades, pueblos y casas de campo, pero a veces se la puede ver habitando las barrancas junto al mar (Mar del Plata), donde anida en cuevas, pues éste es su hábitat ancestral en Europa.



Las palomas suelen encontrarse en parejas en la época de reproducción, pero el resto del tiempo son gregarias, constituyendo grandes bandadas.

Las palomas duermen en los salientes de los acantilados, muros y demás estructuras elevadas, pero nunca en las ramas de los árboles, en las que no pueden mantenerse agarradas; de todos modos es raro, pero se las puede ver… 


Impacto ambiental: La paloma doméstica, al tener hábitos mayormente urbanos, no ha entrado en competencia directa con las otras palomas grandes autóctonas, la paloma picazuró (Patagioenas picazuro) y la paloma manchada (P. maculosa).

Varios predadores autóctonos la consumen, especialmente el halcón peregrino (Falco peregrinus) y el gavilán mixto (Parabuteo unicinctus), por lo que se los puede observar en los edificios de las ciudades, antenas, torres de iglesias y parques urbanos cada vez con mayor frecuencia, a medida que la población de palomas aumenta.

En realidad, el impacto más preocupante de esta especie es sobre los edificios, donde instala sus dormideros y nidos, y sobre la salud humana debido a las grandes cantidades de heces.

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Gorrión (Passer domesticus)

Seguramente es el pájaro más conocido debido a su abundancia y por ser peridoméstico. Mide 14 cm. Es muy bullanguero y oportunista. Posee dimorfismo sexual: el macho presenta una corona y rabadilla gris y un collar castaño con un babero negro. Su dorso es estriado de castaño y negro. Filete alar y resto ventral blanquecinos. Cuando se desplaza en tierra no camina, salta.


La hembra es parda, no posee rufo. Su dorso es estriado de negro.



Los pichones son similares a las hembras, los machos con el tiempo comienzan a adquirir el plumaje adulto (segunda imagen).


El gorrión es oriundo de Europa y desde su introducción se ha dispersado cómodamente por todo el país y países vecinos. Existen dos versiones acerca de su llegada al país, una es atribuida a Domingo Faustino Sarmiento, quien se dice los trajo para combatir los “bichos canasto”, pero la historia más difundida cuenta que Emilio Bieckert, el industrial de origen alemán que fundó en Buenos Aires la cervecería que lleva su nombre, fue quien los trajo de su patria entre 1872 y 1873. Se dice que su intención no era liberarlos, pero como la aduana quiso cobrarle los derechos correspondientes por el ingreso de los gorriones, el cervecero se negó a pagarlos y en respuesta abrió la jaula dejando los pájaros en libertad.

Otra versión que unifica las anteriores afirma que Bieckert introdujo en Buenos Aires veinte parejas de gorriones, pero las liberó debido a una sugerencia del entonces presidente Sarmiento (1868-1874) y con el objeto de controlar la plaga del bicho de cesto (Oiketicus kirbyi), porque se creía erróneamente que era un eficaz enemigo de este insecto.

Los gorriones son buenos padres, ambos se ocupan de la construcción del nido y del cuidado de sus pichones:


Les muestro una curiosidad que hallé en la plaza San Martín de Mar del Plata, una gorriona con leucismo:


La pareja estaba nidificando en un nido de hornero (alquiler por temporada) y los pichones de este matrimonio no tuvieron leucismo.


Se lo encuentra en zonas urbanas y periurbanas, nunca lejos del hombre… 


Y hasta son capaces de levitar… (ja ja)

Impacto ambiental. Esta especie, como la paloma casera, al quedar circunscripta a las zonas pobladas y más modificadas por el hombre, no habría tenido, a pesar de su amplia difusión, el efecto negativo sobre la avifauna nativa que podría haberse esperado. La competencia muchas veces hablada con el chingolo (Zonothricia capensis) no es tal, pues nuestro pájaro nativo es casi estrictamente semillero, mientras que el gorrión es omnívoro, además de semillas ingiere toda clase de desperdicios de la vida humana e insectos que sabe cazar en vuelo.

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Cardelino (Carduelis carduelis)

También conocido como jilguero español, el cardelino posee su cabeza roja, blanca y negra, lo que lo diferencia claramente del cabecitanegra con quien comparte la coloración de sus alas, negras con manchas amarillas, e incluso su tamaño: 12 cm, y saben estar en bandadas mixtas. Su pico es color marfil, posee el dorso pardo, la rabadilla y el ventral blanquecinos, además, los lados del pecho y los flancos son pardo acanelados.



Este es uno de los dos semilleros europeos, que junto con el verderón (Carduelis chloris) y debido a sus colores y dotes cantoras son criados en cautividad, fueron importados desde Europa y luego liberados.

A comienzos del siglo XX era una especie común en las afueras de Buenos Aires, pero posteriormente parece haber desaparecido. En adelante se registrarían ocasionalmente individuos solitarios o parejas.​ Más que introducciones propias, los registros argentinos podrían ser fruto de una expansión de la población uruguaya, la que ya lleva un siglo allí. En la zona, lo registré personalmente en 1999 en la Reserva del Puerto de Mar del Plata, donde observé once individuos alimentándose en las cardas. Ramos, en el 2002 lo registró en Miramar, en los alrededores del arroyo Las Brusquitas. Desde entonces se lo viene observando cada vez con más frecuencia y en mayor número, siempre muy ariscos.

Se lo suele ver donde hay cardas (Dipsacus fullonum) alimentándose de sus semillas:




También en lo alto de árboles al querer alejarse del humano…


Impacto ambiental: Se las encuentra mayormente sobre vegetación exótica, sin haberse notificado aún algún tipo de daño a la biota nativa. En cuanto a los impactos negativos, solo se puede especular eventuales competencias con el cabecitanegra (Spinus magellanicus), también un gran aficionado al mismo tipo de alimento, pero no se sabe nada concreto.

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Verderón (Carduelis chloris)


Con su coloración olivácea se lo ve muy similar a la hembra de nuestro cabecitanegra (Spinus magellanicus), pero es un poco mayor que esta: 14-15 cm. Por su pico blancuzco y el notable amarillo en sus alas plegadas se los diferencia claramente. La hembra es un poco más grisácea. Es un habitante habitual de pinares y parques arbolados.

El verderón es el otro de los semilleros europeos, su distribución natural ocupa gran parte de Europa y el norte de África.

En la Argentina se lo encuentra en el litoral marino bonaerense. Se estima que llegó a la provincia en la década de 1970 y se desconoce si fue liberado o vino por sus propios medios desde Uruguay, en donde existen registros de su presencia y nidificación que datan de 1929. Para 1980 sus números habían aumentado considerablemente, contando con poblaciones nidificantes en varias ciudades del sudeste bonaerense. En la segunda mitad de la década de 1980 comenzaron a observarse en las afueras de la ciudad de Buenos Aires, aunque las mayores poblaciones continúan siendo las de la costa marítima bonaerense alcanzando por el sur el nordeste de Chubut.

Mis únicas fotos son de dos ejemplares machos:

Impacto ambiental: Los autores de La Fauna Gringa, Juan C. Chébez y Gabriel Rodríguez, coinciden con Jorge Navas “En que el Verderón no ha causado, por el momento, inconveniente alguno en la flora o fauna nativas y mucho menos al hombre pues el monte artificial que ha tomado como hábitat, está poblado muy escasamente por especies y por individuos de pájaros indígenas”. Además dejamos constancia de que su presencia no ha evitado ni disminuido la dispersión de su pariente cercano nativo, el Cabecitanegra.


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Estorninos

Dos son los estorninos presentes en nuestro país, uno de ellos es la más peligrosa de las especies de aves exóticas y es, sin dudas, el estornino pinto (Sturnus vulgaris), un pájaro europeo que en cada país en donde ha sido liberado se convierte en plaga. El otro es asiático, el estornino crestado (Acridotheres cristatellus) y desde la década de 1980 ha logrado formar focos en varias localidades de la Argentina, principalmente en el área costera del sudeste de la provincia de Buenos Aires donde se forman grandes bandadas. Uno de los problemas más importantes que generan estas especies es que compiten por alimento y lugar de anidación con los autóctonos como el hornero (Furnarius rufus) y los carpinteros, entre otros. También generan grandes pérdidas en la producción agrícola de pequeños y medianos productores rurales ya que su alimentación se basa en frutas y semillas.

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Estornino Crestado (Acridotheres cristatellus)

Es un ave grande (25 cm) de color negro con una notable cresta en la frente, posee una mancha blanca en la base de las primarias muy notable en vuelo. Tiene el iris y las patas anaranjadas y su pico es marfil. Anida en huecos de árboles o edificios por lo que compite con todas aquellas especies que utilizan ese recurso.


Originalmente es del sudeste de Asia, del centro y sur de China, este de Birmania, este y centro de Laos, Vietnam y Taiwán.

La primera mención de esta especie fue en 1988 en La Plata, Punta Lara y Los Talas en la provincia de Buenos Aires, a las que se sumarían después menciones para la Ciudad de Buenos Aires y alrededores. En lo que se refiere al sudeste de la provincia se lo registró en Santa Clara del Mar, Mar Chiquita y Mar de Cobo. Personalmente lo vi por primera vez en 1995 en Mar Chiquita. Recientemente se lo ha visto en localidades más alejadas, como Pigüé. Se estimó, en 2001, que habría una población de unos mil individuos en Mar Chiquita y Mar del Plata.

Vive en pequeños grupos y formaría también dormideros colectivos, preferentemente en árboles y es más agresivo y arisco que el Estornino Pinto. En nuestro país se lo puede ver en áreas rurales, poblados, parques y plazas, tanto en el suelo como en atalayas altas, donde se vuelve muy evidente por sus hábitos bullangueros. Posee voces muy variadas e incluso es capaz de imitar la voz humana.



Se alimenta de materia vegetal, especialmente semillas y frutos y de sustancias animales (insectos, arañas, lombrices, entre otros), así como de todo tipo de desecho que encuentre en banquinas o basurales.




Impacto ambiental: Es un ave agresiva y dominante que destruye huevos y mata pichones de otras aves para adueñarse del nido. Posee una dieta omnívora. Al alimentarse de semillas produce grandes pérdidas a los productores agrícolas. En cuanto a su interacción con otras especies, se detectaron comportamientos agresivos por el alimento hacia los pecho amarillo comunes (Pseudoleistes virescens), las palomas domésticas (Columba livia) y los zorzales colorados (Turdus rufiventris). Señalan dormideros con 150 y 250 ejemplares que se reúnen al atardecer para realizar una gran cantidad de cantos, silbos y chiflidos que, según los pobladores, se dejan escuchar desde las 4 de la mañana con la llegada del día.

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Estornino pinto (Sturnus vulgaris)

Es un ave de unos 22 cm que posee una coloración dependiente de la época del año, en verano tiene su plumaje gastado, es negruzco con reflejos violáceos y posee pintas ocráceas en el lomo y vientre, su pico es puntiagudo y amarillo. 


Con plumaje nuevo todo su cuerpo esta profusamente moteado de blanco y su pico es oscuro.


Los juveniles poseen un plumaje pardo, similar a la hembra del tordo renegrido (Molothrus bonariensis):



El Estornino Pinto (Sturnus vulgaris) es una especie nativa de Europa y Asia que es considerada una de las especies de aves invasoras con mayor éxito de colonización en el mundo.

En Argentina fue registrada por primera vez en el año 1987 en los Bosques de Palermo y desde entonces su tamaño poblacional y rango de distribución se han incrementado rápidamente. En Mar del Plata Juan Pablo Isacch lo registró en 2004 por primera vez, pero desde hace 4 o 5 años su número comenzó a aumentar en forma alarmante.

Anida en huecos, ya sea de árboles, edificios, nidos de horneros…

Casi todo el año se lo puede oír parado en atalayas cantando una serie de notas agudas, ásperas y chirriantes.

Sabe estar en grupos alimentándose en el suelo y vuelan en bandadas compactas realizando espectaculares figuras en el aire, sobre todo en otoño-invierno al atardecer, antes de ocupar sus dormideros.


Son muy limpitos, y saben tomar baños refrescantes en verano...
 

Impacto ambiental: La aclimatación de esta especie en la Argentina es un hecho preocupante y relativamente reciente que llama poderosamente la atención pues ocurrió a ojos vistas de una importante legislación que prohíbe de manera expresa la introducción de exóticos y, en caso de detectarse, obliga a su inmediata erradicación; ya por entonces (década de 1980) la problemática ambiental estaba muy difundida y existían numerosas ONGs y una importante bibliografía sobre los problemas que ocasionaban las especies exóticas asilvestradas. Cabe destacar que los primeros reportes de la especie y la mayoría de los existentes en la actualidad en el país son producto de ornitófilos y observadores de aves y no de investigaciones oficiales.

Con el tiempo comenzó a invadir considerablemente los sembrados graníferos, de hortalizas y frutales. Compite así mismo con otras aves indígenas por frutos y semillas silvestres y por sitio de anidación y de descanso o dormideros.

La peor costumbre de este pájaro es la frecuente invasión a las ciudades, donde tremendas bandadas, durante el otoño-invierno, causan ingentes daños pues se posan ensuciando con sus excrementos todos los recovecos y cornisas de los edificios y aturden con sus continuos, fuertes y roncos chillidos. Es un ave agresiva y pendenciera y muestra un notable éxito en su competición con las aves nativas, atacándolas y ahuyentándolas de su entorno.

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Bibliografía

sábado, 11 de septiembre de 2021

Parque Nacional Mburucuyá – 3

Como ya comenté, el PN Mburucuyá tiene dos senderos peatonales: el sendero Yatay (del que ya algo les adelanté, pero aún queda más) y el sendero Che Roga, con el que comenzaremos ahora. Como solo mide 4,4 Km fuimos después de almorzar… Su nombre es de origen guaraní y significa “Mi casa”.

Apenas salimos tuvimos nuestra primera sorpresa: un zorro persiguiendo algo entre los pastos. Vimos dos especies de zorros en este parque y los observamos durante todos los días en que estuvimos acampando allí. El de la imagen, un zorro de monte (Cerdocyon thous) y el zorro gris (Lycalopex gymnocercus), ambos muy hermosos cánidos. 


Ya en el sendero Che Roga y habiendo recorrido 1,5 Km encontramos una laguna, no muy grande pero apacible. Buscamos un lugar y nos sentamos a tomar unos mates, al rato una cabeza se asomó muy cerca nuestro: era un carpincho (Hidrochaerus hydrochaeris):


Y en la orilla opuesta toda una familia correteaba buscando resguardo…


En unas ramas cercanas un biguá (Nannopterum brasilianus) secaba sus alas al sol después de haber satisfecho su apetito en la laguna…

De pronto, vimos un movimiento en una orilla a lo lejos, parecía un macá grande, pero no… era más claro, nos acercamos, aunque no pudimos hacerlo demasiado, así que echamos mano a la tecnología, zoom, mucho zoom y vimos quién era: un ipequí (Heliornis fulica), otro “lifer”, las fotos no son buenas, el ave estaba muy muy lejos, pero bien valió la pena: primer registro de un Ipequí para el Parque Nacional Mburucuyá. Además también tiene probabilidad de observación II en la guía de Narosky-Izurrieta. Le envíe fotos y coordenadas al guardaparques, quien lo subió al SIB (Sistema de Información de Biodiversidad) de Parques Nacionales.



De regreso, todavía con la emoción de lo visto, nos cruzamos con un viejo conocido: juan chiviro (Cyclarhis gujanensis):


Y en un árbol, queriendo parecer inadvertida con su críptica vestimenta, vimos este hermoso ejemplar de mariposa lechuza (Caligo illioneus):


Otra tarde volvimos a recorrer, ahora con más luz, los caminos del parque y… ¿qué vimos?: más bichos. Primero nos cruzamos con una hermosa culebra, una ñacaniñá de monte (Mastigodryas bifossatus). No es venenosa pero su tamaño intimida... Vean en este retrato esas pupilas, la gran mayoría de la serpientes no venenosas las tienen redondas, y su cabeza no es triangular, lo que indica que no tiene glándulas de veneno. Igual siempre hay que manejarse con cautela, los detalles se pueden ver cuando no nos toma por sorpresa…

Esta foto es de cuerpo entero, tenía un tamaño considerable, medía cerca de 150 cm, casi la atropellamos con el auto, estaba paralizada en medio de la calle. Si bien no es venenosa, la literatura dice que es muy agresiva. En realidad se quedó congelada e inmóvil, le tuve que arrojar una rama para que velozmente saliese del camino.


Dejamos el auto en un costado del camino y fuimos hacia unas lagunas que se veían a lo lejos. En realidad no era un sendero habilitado, ni mucho menos, pero se veía prometedor. El primero que nos descubrió fue este ñandú (Rhea americana), de algo le sirve la altura, igual nos ignoró y tranquilito se alejó…


Caminando hacia esas lagunas nos metimos en un terreno semi inundado, en el que me llamó la atención este enorme panal y sus dueñas: lechiguanas (Brachygastra lecheguana).



Algunas de las aves que no volaron, porque la mayoría nos vieron desde lejos y rajaron, deben haber pensado: “Hay 111 lagunas, para qué vienen a molestar a esta…”. Pato cutirí (Amazonetta brasiliensis), una pareja, la hembra a la izquierda y el macho a la derecha.


Aquí un grupo de sirirí pampa (Dendrocygna viduata), una presencia habitual en nuestras lagunas pampeanas. Bueno, aquí no se quedan cortos, hay muchísimos.


Retomamos el camino y encontramos esta cigüeña americana (Ciconia maguari):


Cerca de la cigüeña, en un árbol alguien degustaba su almuerzo, era un ejemplar juvenil de caracolero (Rostrhamus sociabilis), pero algo raro pasaba... En la provincia de Buenos Aires los caracoleros comen caracoles como bien lo indica su nombre, pero en Corrientes eso no cuenta, vean en la ampliación lo que está comiendo este caracolero: es un cangrejo de río (Dilocarcinus pagei).



En los pastizales aledaños cantaba este pecho amarillo grande (Pseudoleistes guirahuro), es muy parecido al pecho amarillo que vemos en nuestra pampa, pero este es de mayor tamaño y posee los hombros y la rabadilla amarillos, además del pecho que es común en ambos y les da su nombre.


Otra tarde fuimos nuevamente al Estero Santa Lucia, tomamos el sendero Yatay y mientras cruzábamos un pastizal, se empezó a oír una motocicleta, era un ruido que parecía mecánico, y notamos que lo provocaba un ave que volaba a gran velocidad, subía en silencio y luego en una caída vertiginosa emitía ese sonido. Intenté fotografiarla y lo mejor que obtuve fue la siguiente imagen, y se develó el misterio: era una becasina común (Gallinago paraguaiae).

Después buscamos información y encontramos que durante la reproducción, a fines de invierno, hace un despliegue (es parte del cortejo reproductivo) y se eleva a gran altura, luego desciende en 45° a gran velocidad y ahí se genera un fuerte zumbido intermitente producido por el viento que agita las plumas rectrices externas modificadas. Es frecuente que realice estos vuelos al atardecer o en noches de luna llena, pero lo pueden hacer de día también.

Al día siguiente la encontramos cerca de una laguna y realmente no sé cómo la pudimos ver, creo que fue Joaquín quien la detectó. 


Ya volviendo, vimos unos enormes nidos y de repente apareció el dueño de casa: espinero grande (Phacellodomus ruber).



De repente, este arañero coronado chico (Basileuterus auricapilla) se mostró un par de minutos:


Y esta belleza vestida de novia, una monjita blanca (Xolmis irupero), la hermosura de lo simple…


Y el fiofío pico corto (Elaenia parvirostris) no se queda atrás en simpatía… 


Un día después de almorzar aparecieron en el camping unos visitantes no tan comunes, uno de ellos en particular, el tingazú (Piaya cayana), se paró en un lapacho rosado (Handroanthus impetiginosus) para que yo le tomase esta fotografía:


Otro visitante, un poco más oscuro, fue este chopí (Gnorimopsar chopi). Siempre se movían en grupos no muy grandes, su tamaño es un poco mayor al del tordo renegrido. Noten los surcos en su curvo pico negro…

Y en el mismo lapacho del tingazú, se posó este chimachima (Milvago chimachima) que relojeaba todo desde arriba: ¿miraría nuestro almuerzo?



El día anterior habíamos encontrado en un camino a este juvenil de chimachima, vean su mirada inocente… es un niñito.

Y llegó el último día, todo tiene un final, todo termina… pero el parque nos brindaba más sorpresas. Aún con el sol haciendo fuerzas por salir se posó, en un árbol cercano, esta hembrita de anambé grande (Pachyramphus validus), otro “lifer”.



Salimos al camino y a unos pocos kilómetros nos vino a despedir este zorro gris (Lycalopex gymnocercus), nos miró, nos midió y parece que lo aburrimos... Vean que le faltan los colmillos, ¿será un individuo añoso?



Añoso o no, decidió marcharse tranqui...  esa tranquilidad la dan los años.

Al pasar por una de las lagunitas del camino que tantos bichos nos permitieron ver, una pareja de martín pescador mediano (Chloroceryle amazona) estaba desayunando. Vean el pico de la hembra en la primera foto, está lleno de barro... pensé en dos explicaciones: o se puso una mascarilla de barro de esas que usan las chicas (al fin y al cabo es una dama) o se tiró de cabeza pensando que había agua y era barro nomás... Luego, la feliz pareja.



En una última lagunita, antes de dejar el parque, una pareja de macá pico grueso (Podilymbus podiceps) con su plumaje nupcial se quedó observando cómo nos alejábamos…

Quiero recalcar que cada vez que salíamos a los senderos encontrábamos alguna especie nueva, parecía inagotable: en estos tres posteos sólo estoy subiendo algunas de las 140 especies de aves que vimos, 9 especies de mamíferos, varias de reptiles y una innumerable cantidad de insectos, la mayoría aún sin identificar… y solo estuvimos una semana.

Parque Nacional Mburucuyá, un lugar para volver…

Gaviotas 3: “Gaviota Cangrejera y Gaviota Gris”

Para finalizar con esta serie de posteos sobre las gaviotas del sudeste bonaerense, recordemos que en Argentina podemos encontrar registro d...